viernes, 14 de septiembre de 2007

Bendita cultura inútil


Una pegote risa de guagua me despierta todos los días en el tono más tierno con el que a una la pueden despertar. Sino fuera por ese ringtone, mi día no comenzaría tan mal. Al golpear mi cabeza con el chorro de agua, me doy cuenta que no seguía soñando, sino que el día ya había comenzado. Luego de vestirme, me dirijo a la universidad un tanto atrasada, por lo que no encontré estacionamiento y tuve que dejar mi vehículo en la calle del costado de la universidad. Corrí a la entrada de la universidad, ya que me tenía que reunir con mi agencia para entregar juntos el trabajo de módulo. Para variar fui la última en llegar. Al ir llegando a la sala nos enteramos que corrieron la clase a una sala del cuarto piso, lo que no hizo correr aún más rápido y llegue agotadísima, pero para alivio pudimos entregar el trabajo, pero llevándonos toda la ira del profesor. Nuestra sorpresa fue grande cuando nos dijeron que debiamos esperar junto al resto del curso, lo que finalmente fue la causa de la entrega de un nuevo trabajo fichado para el mismo día en 5 horas más.

Tuve que suspender mi ida al dentista, mi matrícula en el gimnasio, y mi deseoso tiempo libre por cumplir con un estúpido trabajo.

Cuando por fin pasaron las 5 horas de calvario, me dirigí al auto con el objetivo de llegar lo más rápidamente a casa, y despejar mi mente. Pero mi objetivo se vio interrumpido al ver el vidrio roto de la puerta del copiloto, y ver todos los fusibles fuera de su lugar. “Me trataron de robar el auto, me trataron de robar el auto, me trataron de robar el auto” era lo único que podía decir. Me dejaron sin radio, sin cd’s, sin poder prender el motor del auto! Tuve que esperar que llegara la grúa, que se encargaría de llevar mi auto a un taller ubicado muy lejos de mi casa. Entre acompañar a la grúa y tomar la locomoción (transantiago mas encima), me demoré 3 horas más en llegar con el estima más bajo que he tenido en el último tiempo.

No me dieron ganas de ir a comer a la mesa con mi familia. No necesitaba la necesidad de comer, sino que la necesidad de golpear algo o a alguien para poder desatar mi ira con el día de mierda que tuve.

Llegó la hora de dormir, y sin ninguna gana de volver a empezar un nuevo día, hasta que comencé a sentir la risa de la guagua.


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